Nuestra propuesta
 
Comer es mucho más que alimentarse.
El cuerpo no es una máquina que insume calorías como si fueran kilowats.

Para el ser humano es también una forma de relacionarse: consigo mismo, con quienes lo rodean, con el mundo en que vive.

También es una importante fuente de placer.

Si comer es mucho más que una necesidad orgánica y mecánica, dejar de comer es mucho más que un rechazo a dicha necesidad, que una adaptación a una moda, que un signo de inmadurez o de insensatez.

Es en el abordaje del conflicto -entre deseos y prohibiciones en donde hay que buscar la respuesta al malestar con la comida y no sólo en los signos exteriores que clasifican con una misma etiqueta a problemas psíquicos y/o existenciales de origen muy diverso.

Recibimos a diario muchas preguntas pidiendo información sobre qué es la anorexia, y sobre qué es la bulimia, y nos ha sorprendido que en su gran mayoría provengan de personas que ya han pasado por diagnósticos y tratamientos múltiples. - “SOY anoréxica, ayúdenme” –“ya hice muchos tratamientos... ¿realmente SERE anoréxica?”- Estos mensajes ponen en evidencia la búsqueda angustiada de otras soluciones, distintas a las que ya están cansadas de escuchar y soportar.

Ejemplo:
Tengo 19 años, hace aproximadamente 3 años sufro de trastornos alimenticios, bulimia, eso ha dicho la psicóloga del equipo, tengo a mi madre persiguiéndome todo el día para controlarme, creo que puedo hacerlo sola, no es todos los días y no estoy tan baja de peso, siento que solo conversando me siento mejor, ¿realmente necesitaré ayuda?, ¿es posible controlarlo sola? , además estudio y casi no tengo tiempo para tratamientos.
Mónica X

 
Alerta y prevención
Hay que rechazar los juicios apresurados y erróneos, para llegar a determinar cuál es la esencia del problema con la comida, - y su mayor o menor gravedad- reconociendo los mitos que los promueven, o los agravan. Estos mitos prejuiciosos en lugar de aliviar pueden producir daños físicos y psíquicos duraderos impidiendo encontrar caminos más placenteros y creativos.
 
Diagnóstico y tratamiento

Nuestra propuesta terapéutica está basada en la experiencia y el conocimiento psicoanalítico sobre las crisis en la adolescencia, el valor simbólico de la comida, la ambivalencia hacia las experiencias placenteras (atracción y rechazo) y por lo tanto en el respeto a los síntomas: el psicoanálisis ha descubierto que son nada más y nada menos que las soluciones de que disponen los seres humanos mientras no encuentren otras posibilidades para expresar sus conflictos inconscientes. La experiencia nos ha demostrado en muchos casos la eficacia de este abordaje contra los diagnósticos y tratamientos que ignoran –o combaten- estos conocimientos, jactándose de métodos conductistas.

Los diagnósticos que realizamos y los tratamientos que conducimos, individuales o familiares, están guiados por los criterios expuestos. En ningún caso su duración está regida por normas estadísticas, y pueden ir desde algunas entrevistas hasta tratamientos psicoanalíticos prolongados.

 
Causas
No existe una relación de causalidad directa entre los ideales estéticos y la anorexia. Este difundido prejuicio oculta las verdaderas causas que deben ser investigadas y tratadas en forma particular. La moda puede ser pretexto pero nunca es la verdadera causa de la anorexia ni de la bulimia.
 
Los signos
No tienen en cuenta más que lo que se ve y por lo tanto se puede generalizarLas variantes individuales no logran modificar los esquemas de diagnóstico y abordaje terapeútico, confeccionados según criterios de normalidad tabulados. Los casos “atípicos” se consideran excepciones que igualmente deben ser evaluados y tratados en base a dichas normas.
 
Los síntomas
A diferencia de los signos, que son generalizables porque se ven, los síntomas siempre son particulares. En ningún caso entran dentro de un esquema preestablecido. El abordaje por medio de los signos no escucha la particularidad de cada caso, de cada situación, de cada historia, de cada “síntoma”. Es el mismo para todos, y sólo varía en forma cuantitativa, de acuerdo a criterios de gravedad también tabulados en forma preestablecida.
 
Las estadísticas
En nuestro país se copian las de otros países, sin tener en cuenta el contexto y el momento en que se realizaron. No se mencionan las más confiables, realizadas por algunas universidades americanas, que relativizan sus resultados porque reconocen que los diagnósticos han sido influidos por la confusión entre la anorexia y la hiperdelgadez, o una “huelga de hambre” adolescente con una enfermedad grave o mortal. - Las estadísticas serias señalan entre un porcentaje de riesgo mucho menor que las oficiales sólo en casos de anorexias prolongadas asociadas a otras patologías. (orgánicas o psíquicas)
 
Menstruación
Es falso que exista el riesgo de atrofia del aparato reproductivo o de futura esterilidad en las chicas ultradelgadas que han dejado transitoriamente de menstruar.
 
Estereotipos
Los signos masificados llevan a:

La creación del estereotipo de la anoréxica y de la bulímica.

Diagnósticos y tratamientos estereotipados que no contemplan ni escuchan las razones -siempre particulares- en nombre de criterios normativos de salud física y mental y de peso tabulado.

 
Un mal reciente
Es falso que las anorexias o las bulimias sean enfermedades de reciente data. Existieron en todas las culturas y en épocas diversas. Las santas anoréxicas de fines de la Edad media, las brujas perseguidas y quemadas durante los siglos XVI y XVII por la Inquisición, las “histéricas” del siglo XIX, son ignoradas por los abordajes actuales que atribuyen la anorexia a la moda.
 
Nuevos ideales
No es verdad que los ideales de delgadez sean patrimonio de nuestra época. Existieron en la Edad Media, como lo muestra la pintura medieval, en el siglo XIX, cuando estaban de moda las jóvenes lánguidas, etéreas, “sílfides” y a comienzos del XX, como lo muestran las revistas de moda de los “años locos”.
 
Perder el tiempo
No es verdad que escuchar lo que dicen las pacientes sobre lo que les sucede sea una pérdida de tiempo “fatal”. Averiguar el origen del malestar con la comida permite encontrar soluciones en plazos mucho más breves que los cuatro años preestablecidos por el discurso establecido basado en la vigilancia, el control, y la reeducación autoritaria de los hábitos alimenticios. La rebeldía de las pacientes en muchos casos responde a los diagnósticos hechos a las apuradas, que pretenden “reeducarlas” en lugar de comprender lo que les está sucediendo.
 
Diagnóstico
Los signos popularizados no son suficientes para hacer un diagnóstico de “anorexia nerviosa”, ya que puede tratarse de identificaciones pasajeras con la moda favorecidas por los programas para ser “una buena anoréxica” que abundan en las revistas femeninas y en los medios de difusión.
 
Epidemia

Se trata de seres humanos con conflictos y no de virus o bacterias.

Es irresponsable justificar los tratamientos autoritarios en nombre de un riesgo de muerte que proviene de cifras estadísticas mal interpretadas. No hay epidemia en el sentido médico epidemiológico. Lo que hay son diagnósticos mal hechos.

 
Negar la enfermedad
La rebeldía, la negativa a reconocerse enfermas, es una respuesta a los diagnósticos y tratamientos masivos. Atacar los síntomas anoréxicos sin que se atiendan ni entiendan los conflictos subyacentes que les dieron origen, expone al paciente a graves inhibiciones de la vida psíquica que incluyen intentos de suicidio.
 
Abordajes multidisciplinarios

Aunque se pretenda lo contrario están subordinados a ideales de nutrición normal. La función de cada uno de los miembros del equipo, incluido el psicólogo, es ayudar a que se cumplan los objetivos nutricionales.

Estos abordajes a menudo sólo sirven para dividir a la persona en pedazos y compartir entre varios “especialistas” la angustia y la impotencia que suelen generar este tipo de pacientes Las crisis frecuentes en los equipos sobre los criterios de conducción del tratamiento evidencian el fracaso de los abordajes múltiples y simultáneos.

Los tratamientos normativos están impregnados de prejuicios morales –lo que es bueno y lo que es malo para todos por igual- y de amenazas sin fundamento científico, como en el caso de la esterilidad.

 
Vigilancia y castigo

Constituyen el trasfondo de la lucha mancomunada de instituciones especializadas, equipos multidisciplinarios, y familias sometidas a ese discurso. La puerta del baño abierta para averiguar si vomitan, el registro minucioso de las comidas, y toda suerte de medidas más propias de un sistema carcelario que de un programa de salud, se aplican si no se obedecen las reglas para el rápido reestablecimiento del peso.

La lucha “contra” la anorexia ha adquirido en nuestro país características similares a las de una moderna y novedosa “caza de brujas”.

 
Marginación y discriminación
Por un lado la sociedad “exige” la delgadez en nombre de ideales de belleza y por otro “exige” curarse en nombre de ideales de salud. Se trata de mensajes aparentemente opuestos pero complementarios, o sea cómplices. Se hacen slogans sobre la discriminación a fin de justificar la lucha “contra” las supuestas víctimas y los supuestos verdugos (la moda, las dietas, la obsesión por el cuerpo).