16 de Agosto de 2006 - Revista Newsweek Argentina
Brujas anoréxicas
Por Silvia Fendrik
 

A partir de los relatos de adolescentes que habían sido diagnosticadas como “futuras anoréxicas” comencé a investigar la historia de la anorexia y encontré un hilo conductor desde las santas y brujas de la Edad Media, pasando por las histéricas del siglo XIX. Muchas de las “brujas” perseguidas por la Inquisición vivían sin alimentarse, rasgo que se consideraba fundamental a la hora de perseguirlas. Catalina de Siena se negaba a ingerir alimentos a pesar de la presión de sus confesores, mostrando un férreo propósito de no comer o de vomitar todo lo que comía. En la Edad Media las jóvenes de clase alta como Clara de Asís eran prometidas en matrimonio desde muy chicas a señores viejos adinerados. Muchas preferían entrar en un convento y dejar de comer. Me pregunto si más allá de lo distinto que es el mundo de hoy después de la revolución sexual, no hay una pauta cultural equivalente, un mandato que establece una prematura iniciación sexual, a los 14 o a los 15 años. ¿Qué pasa con estas chicas que son vírgenes a la edad en que la norma cultural impone que ya no deben serlo? En realidad, muchas anoréxicas tienen un cinturón de castidad, pero en la boca. Esto no quiere decir que las anoréxicas sean rebeldes que se oponen a las normas establecidas.

Lo que no se investiga, es la relación entre la anorexia y lo femenino, la anorexia y la sexualidad. De ese no se habla. Con la aparición de la menstruación, a muchas chicas modernas el cuerpo se les vuelve atemorizante. En ellas hay toda una simbología con pureza, un convencimiento de que están en un camino de purificación que no están dispuestas a ceder. En ellas hay una contraposición entre un deseo de hacer una vida entre comillas normal, salir a bailar, tener novios, tener sexo, y algo que se lo impide. Una anoréxica no entiende qué le pasa con su cuerpo y pretende controlarlo a través de la comida.

Los prejuicios que dictaminan la continuidad entre los ideales de belleza y la anorexia están demasiado instalados, aunque las chicas esqueléticas no se atrevan a decirlo fuera de una sesión de análisis. Conocidas instituciones les dicen a los padres que ante el menor síntoma tienen que consultar, ya que la anorexia empieza por ahí y es un viaje de ida. Los padres alarmados las dejan a merced de tratamientos carcelarios. La base de la captura de la gente es el temor, pero todo el aparato ideológico actual está apoyado en crear prejuicio y temores.