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La psicoanalista Silvia Fendrik refuta la teoría de que la anorexia es un mal de nuestro tiempo y asegura que es una carátula detrás de la cuales e esconden muchas y muy diversas problemáticas individuales. "Hay una simplificación extrema. Y allí donde se simplifica, se suprime la comprensión", dice.
¿Qué es la anorexia? ¿Realmente se trata de una patología actual que corre al ritmo de la moda? ¿Qué quiere expresa una adolescente que deja de comer? La psicoanalista Silvia fendrik comenzó a hacerse estas preguntas hace tiempo. En busca de respuestas, investigó. Buscó en la historia y encontró información sorprendente, a partir de la cual escribió su primer libro “Santa Anorexia”. Hoy, tras publicar su segundo libro título, "El País de Nuncacomer", que es una versión ilustrada de su tesis inicial, explica por qué es urgente suplantar los diagnósticos precoces por una escucha individual.
¿Cuándo comenzó a interesarse por el tema de la anorexia?
Hace 12 años, yo compartía los mismos prejuicios que hacen al discurso sobre la anorexia (y estos últimos años también sobre la bulimia): la idea de que es una patología actual, que puede llevar a la muerte, que produce esterilidad, etc. Hasta que tuve pacientes que en algún momento del análisis empezaban con este tema: o bien con la idea de hacer una dieta y el miedo de que eso pudiera transformarlas en anoréxicas o con la necesidad imperiosa de hacer dietas muy estrictas. En algunos casos, estas chicas fueron presionadas por su familia para hacer una consulta fuera del análisis (al ginecólogo o a un hospital). Me acuerdo puntualmente del caso de una chica de 16 años que estuvo varios meses sin menstruación y una ginecóloga le dijo "vos estás demasiado flaca: tenés que ir a 'trastornos alimenticios'". La chica fue y le diagnosticaron inmediatamente "anorexia". Ella quedó completamente desconcertada, le habían colgado un diagnóstico y ella sentía que no era... Cuando yo empiezo a escuchar esto me doy cuenta de que hay todo un tema allí, una tradición de 'meter miedo' que se relaciona con el hecho de captar pacientes.
Y con una tendencia a catalogar rápidamente la 'enfermedad'...
Claro, y no solamente de parte de los profesionales; yo pude observar muy claramente que en algunos casos la necesidad del rótulo era imperativa de parte del paciente y de la familia. Saber qué tenés y saber dónde te pueden tratar. Inmediatamente empieza una epecie de programa de lo que hay que hacer, de lo que hay que ser, de cómo hay que hacerlo. Y se hace de una manera muy precaria, inscluso faltando a las propias reglas del diagnóstico del Manual de Psiquiatría donde la anorexia y la bulimia figuran como trastornos alimenticios y hay una cantidad de signos para que se puedan detectar, pero tienen que darse todos esos signos en el paciente para declararlo enfermo. Bueno, muchos profesionales, la mayoría, faltan a estas reglas: diganostican una anorexia, por ejemplo, porque hay trastornos menstruales o porque hay un peso que no es el esperado, sin tomar en cuenta los otros signos.
¿Un signo es verse gorda?
Sí, pero lo malo es que se pregunta así: "¿Vos te ves gorda?", y si la paciente responde afirmativamente, se deduce que es anoréxica. No se investiga, no se hace la pregunta de tal manera que se pueda contestar otra cosa. Si vos le preguntás a una chica flaca si se ve gorda, lo más probable es que te diga que sí. Ahora si vos profundizás esto, aparecen una cantidad de elementos completamente distintos que van desde el "No exactamente, simplemente no me gusto" a "Siento algo extraño, como si no fuera yo". En el caso de una entrevista psiquiátrica en la que una persona dice "me siento como si no fuera yo" eso será indicador de un trastorno de despersonalización o de psicosis, pero no de anorexia. Y en todo caso, si yo estoy muy desesperada por diagnosticar, me olvido que el 90 por ciento de la humanidad dice alguna vez en su vida "siento como si no fuera yo", y eso no es sinónimo de enfermedad.
O sea que se hacen diagnósticos precoces
Totalmente: ese es "el" problema de nuestro tiempo: la necesidad de diagnosticar, que muchas veces se complementa con una necesidad de ser diagnosticado, pero no siempre. En un seminario que di sobre adolescencia analicé dos libros: "El cazador oculto" de Salinger y "Demián" de Herman Hesse y descubrí algo que me pareció muy interesante. Ambos versan sobre la vida de adolescentes que está en una búsqueda de una identidad distinta a la heredada, en un cuestionamiento de los valores, de la religión, etc. Lo que podría llamarse una crisis de adolescencia. Pero el libro de Hesse transcurre en los años '20 y el de Salinger en los '50: en esos 30 años un adolescente pasa de ser alguien que está en crisis a alguien que termina en un hospicio, como es el caso del protagonista de Salinger.
¿Y hoy?
Hoy no sé... estaría en el Programa Andrés o en Aluba. Si tomamos esto como paradigma tenemos la clave de que en los últimos decenios del siglo XX lo que es diferente, extravagante, hasta creativo, se vuelve inmediatamente patológico y tiene que ser curado. Herman Hesse nunca propuso una cura sino una búsqueda, y los médicos, los psiquiatras y no pocos analistas dirán "bueno, pero Herman Hesse era un escritor, él no sabía". Hay muchos referentes sobre la anorexia que yo tomo de escritores, uno es Octavio Paz, que hace un comentario, irónico por supuesto, acerca de cómo en EE.UU. se ha patologizado todo exceso, por ejemplo la persona que condimenta mucho la comida tiene su patología. Siempre la idea de que hay un parámetro de normalidad, es decir una media, y que cualquier diferencia, desvío de esa medida, es patológico. Si nos guiamos por ese parámetro cualquiera de nosotros está enfermo.
¿Y qué es la patología entonces?
Yo creo que la patología aparece cuando no podés encontrar sentido. Es subjetivo. El hallazgo subversivo de Freud es que nadie tiene derecho a determinar esto, que es subjetvo, como una patología.
Sin embargo, la historia del psicoanálisis se ha pervertido en este sentido...
Totalmente. Es muy difícil liberarse de esas influencias, pero si uno pudiera decir algo así como "la verdad del psicoanálisis" sería la de sostener a ultranza que el padecimiento en individual y subjetivo. Nadie tiene derecho a ponerte un rótulo.
Volviendo a la anorexia, la conclusión sería que hay muchas menos anoréxicas de las que la sociedad quiere.
Sí. Como yo no quiero entrar en el terreno de la anorexia como patología, lo llevo a uno mucho más amplio: yo diría que hay muchos menos enfermos de los que la sociedad necesita, porque además los tratamientos para las anorexias diagnosticadas según esos criterios son estándar: tienen una determinada duración, implican una serie de pasos a seguir, etc.
¿Y qué índices de "curación" hay según estos parámetros?
Los criterios de curación tienen que ver con cuáles son los criterios de enfermedad. Si el criterio de curación de una anorexia es "Ahora come normalmente" o "Recuperó su peso" o "Ahora ya no se ve más gorda", entonces es muy fácil que se "cure". Cada institución tiene su propias estadísticas, por ejemplo, Aluba va a decir que si se sigue el tratamiento que ellos proponen se curan todas y se elimina automáticamente el riesgo de muerte. Fijate qué discurso poderoso: si el temor más grande es morirse ellos dicen que las que se tratan con ellos no corren ningún riesgo. Y yo creo que estas cifras que cierran tan bien en realidad no cierran, y que no se tiene en cuenta el daño psíquico que puede haber a través de una tratamiento de alimentación forzada.
En sus libros relata que el tema de la privación alimenticia es antiquísimo...
Sí, la Iglesia tenía una posición de censura terrible al ascetismo alimentario extremo, desconfianza y temor a las personas que encontraban en la privación del alimento el camino directo hacia la unión con Dios. El misticismo fue algo terrible criticado y temido. A las jóvenes ascetas que pretendían ser santas porque no comían se las caratulaba de locas. En "Santa anorexia" intento mostrar que los estados de privación alimenticia que hoy son considerados dentro del terreno de la patología fueron encarnados por distintas figuras femeninas paradigmáticas, como las brujas, las santas y las histéricas, hasta nuestras anoréxicas. Y es que cuando las palabras no son suficientes para expresar lo que pasa, aquello que no se puede decir, se muestra... Los argumentos que di eran muy sólidos pero no fueron escuchados por los discursos oficiales, que son los que establecen los grados de riesgo, los tipos de tratamiento, etc.
¿En qué se diferencia "El país de Nuncacomer"?
Mucha gente me decía "escribí otro libro", pero yo sentía que ya había dicho todo lo que tenía para decir. Pero luego surge la idea de mostrar a través de la imagen, que permite múltiples posibilidades, aquello que en las palabras es más rígido. Las imágenes de "El país de Nuncacomer" le dan otra dimensión al texto de "Santa anorexia". Alguien me decía que eran libros complementarios, pero yo creo que en éste hay muchas más cosas, hay todo un trabajo de interpretación del dibujante que es fabuloso.
Lo que usted busca, entonces, es recalcar la singularidad del síntoma frente a la estigmatización de cada época...
Sí, y además quiero sacarlo del terreno de la patología, en el sentido de la legitimidad que tiene un síntoma en psicoanálisis, donde no es sinónimo de patología. Para el psicoanálisis, un síntoma es un signo de algo que no anda bien para uno. Yo no digo que no exista la posibilidad de detectar patologías a través de síntomas, pero nadie, sino uno mismo, puede solamente decir qué es lo que le pasa, sino determinar qué quiere decir eso. El síntoma es la mejor solución que una persona encuentra para hacer frente a determinada problemática, pero de ninguna manera es indicador de patología. En el diálogo con un psicoanalista ese síntoma puede dar paso a otras soluciones menos traumáticas, menos angustiosas, es decir, poder ser sustituido. Esta es la esencia del psicoanálisis.
¿Qué es lo más importante que debería cambiar para que la etiqueta de "anorexia" deje de ser tan masiva?
Es necesario mirar y escuchar de otra manera. Hay una simplificación extrema, que no es positiva porque el tema es complejo. Y allí donde se simplifica se suprime la comprensión. Una cosa es querer estar flaca, otra cosa es matarse a dieta y otra es querer ser como una modelo, porque una modelo no es un esqueleto, entonces sólo basta el poder de observación para darse cuenta de que a una chica que adelgaza tanto no le importa su aspecto sino que está queriendo decir otra cosa, está planteando un enigma que es individual y único. |