Cuando la anorexia es un mito

Los temores que infunde la anorexia en nuestros días son parte de un confuso panorama que se ofrece a propagar una falsa y desmedida alarma, que afecta tanto a los especialistas en el tema como a la población en riesgo. Los ideales de la moda femenina actual –una silueta ultradelgada -, asociados a un mayor éxito social y al desprecio hacia quienes no respondan a ellos, parecen estar en consonancia con una "enfermedad" característica de los últimos tiempos, que "lleva a la muerte" a un gran porcentaje de quienes se someten a los dictámenes de la moda. Se asocia la anorexia a la bulimia bajo el rubro de trastornos alimenticios. Se describen como enfermedades que consisten en graves trastornos de la alimentación que afectan en su gran mayoría a mujeres jóvenes a las que hoy se estarían sumando algunos varones. Las estadísticas no hacen ninguna observación sobre si los varones anoréxicos presentan o no rasgos femeninos o tienen tendencias homosexuales. Por el momento su función sería limitarse a advertirnos de la capacidad de contagio de estas enfermedades, más allá de consideraciones de género.

Para las personas agrupadas en este rubro estudiar dietas y contar calorías se ha transformado en el principal eje de sus vidas, en lo único que merece su interés. Al disminuir mucho de peso desaparece la menstruación, con lo cual los trastornos hormonales y la amenaza de severas perturbaciones del aparato reproductivo – “la futura esterilidad”- provoca alarma . Sin embargo las personas afectadas no se sienten enfermas y sólo parecen inquietarse frente al menor atisbo de aumento de peso. Son insensibles frente a los temores de sus familiares y en cambio insisten en "verse gordas", aunque espejos y balanzas acusen los signos de una extrema delgadez. Siempre encuentran razones que justifican su persistencia en hacer dieta: la más frecuente es el miedo a engordar y a ser rechazadas o discriminadas. A veces se mencionan otros signos de anorexia: la hiperactividad física, la atención hacia lo que comen los otros, la preocupación por el estudio, la pérdida de interés en la sexualidad. Estos últimos signos no parecen tan relevantes, o quedan desdibujados frente a los primeros: pérdida considerable de peso corporal, distorsión de la propia imagen, ausencia prolongada de menstruación. A diferencia de otras "enfermedades", en la anorexia y la bulimia el límite entre salud y enfermedad, entre ideal de belleza y riesgo de muerte, entre una extrema adaptación a supuestos valores culturales, y la violación de las normas alimenticias básicas para el mantenimiento de la vitalidad, parece no existir. Tampoco se menciona ninguna diferencia entre el
placer por la comida y la necesidad de alimentarse. Llama la atención el hecho de que la anorexia sea considerada una epidemia. Las campañas de concientización la señalan afirmando que la amenaza existe y debe ser combatida. Evidentemente si se trata de una epidemia y el ideal estético no tiene perspectivas inmediatas de ser cambiado, suena lógico pensar que las campañas deben multiplicar sus esfuerzos. Un modo es la divulgación de tests de autodiagnóstico que se caracterizan por presentar una serie de ìtems que no sólo conciernen a los hábitos alimenticios sino a los estados de ánimos, a la presencia o ausencia de deseos sexuales, a las metas en la vida. Una vez sumado el puntaje el
grado de riesgo parece mucho mayor que el que denuncian las estadísticas. De
acuerdo a estos tests podríamos afirmar que todos somos candidatos firmes a contraer anorexia. Del 10% hemos subido bruscamente al 50%. ¿Qué significa esto?
Muchas cosas: Los humanos no sólo comen para sobrevivir. El qué, el cómo, el cuándo, el cuánto y el dónde, el con quién son esenciales. Muchas ansiedades y angustias se expresan a través de la comida. Todos podemos constatar en nosotros mismos o en las personas que nos rodean la influencia decisiva de los estados de ánimo en la pérdida o el aumento del apetito, en las ganas de comer algo especial, o los momentos en que la comida se vuelve una mera rutina de subsistencia. También sabemos que hay personas para las cuales la comida es algo importante y otras que sólo comen porque hay que comer, sin expresar al respecto ningún deseo, y sólo una necesidad.
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El temor a la anorexia parece reflejar el temor universal a la pérdida del hambre, del deseo de comer, o del deseo en general. Sin embargo cuando se habla de anorexia en los medios especializados o en la prensa, el énfasis está puesto en el aspecto de la subsistencia y se olvidan totalmente los temas del placer, del deseo, y de las infinitas variantes en los modos de comer.

¿Es una enfermedad o es la expresión de algo que en mayor o menor medida nos concierne a todos? Pensamos que se trata de un malestar en la cultura donde la anorexia estaría expresando el grado de saturación del deseo, su rebajamiento a un consumo sin limites, a una oferta descomunal que nos quita el hambre.
El tratamiento de las personas anoréxicas tiene que estar guiado por el máximo respeto a sus síntomas: Vicisitudes de la adolescencia, reafirmación del narcisismo, conocimiento del valor simbólico de la comida, tanto en el aspecto cultural (costumbres, religión, ayunos rituales, etc.) como en el pulsional: El hambre y la comida no son un complemento perfecto ni siempre marchan juntas.
El hambre no se satisface exclusivamente con comida cuando hay un vacío para el que es necesario ayudar a encontrar otras soluciones, o un lleno, una saturación que sin saberlo es una búsqueda de placer, o un señalamiento de su ausencia. No es que se rechace la comida, sino la idea de que esta sea solo un deber y no un placer.