![]() |
|
|
|
|
| De la anorexia alimenticia a la anorexia cultural |
|
El poeta y critico de arte francés, Pierre Lartigue, en un libro que se llama Historia de la punta nos cuenta que en el ballet hoy llamado clásico la bailarina blanca, espectral, extremadamente delgada y etérea nace a principios del siglo XIX. Y sugiere que se trata del retorno en el escenario de las reinas y princesas decapitadas durante la revolución francesa. Nos habla del ballet y su relación con la muerte. En la escena de las Sílfides o de Giselle, los espectadores, cómodamente sentados en sus butacas pueden contemplar extasiados esas figuras transparentes y fantasmales que quedarán incorporadas al lenguaje como sumun del ideal de delgadez : Sílfides. Pero también en el siglo XIX surge su contracara, la que evoca el mal, el peligro,la enfermedad, la muerte: las flacas tísicas. ¿Qué separaba hace apenas algunas generaciones a una flaca tísica de una sílfide? Ambas compartían la extrema delgadez , aunque cargada de connotaciones opuestas: Muerte y Belleza. En un mundo que ha sufrido genocidios impensables, en la Argentina de 30.000 desaparecidos, miles de jovencitas sueñan con ideales de delgadez espectrales, transparentes. Ni sílfides, ni tísicas... hoy se las llama anoréxicas. Las santas -desde Santa Clara de Asís en la Edad Media hasta Teresa de Jesús- desafiaban los ayunos y dietas autorizados por la Iglesia. La pureza, la santidad estaba asociada para ellas a estados místicos de privación que se expresaban principalmente en un comer-nada que las hacía sospechosas de estar poseídas. ¿Por Dios, o por el diablo? Los confesores se devanaban los sesos intentando responder a esta pregunta. . ¿Cuántas de los centenares de miles de jóvenes acusadas de posesión diabólica durante los siglos XVI y XVII que murieron quemadas en las hogueras de la Inquisición habrán sido esqueléticas? ¿O sólo lo son las malvadas brujas de los cuentos de hadas? . Muchas histéricas del siglo XIX tampoco podían comer y vomitaban si se las forzaba a hacerlo. Pero casi ninguna llegó a morir de inanición, salvo aquellas afectadas por graves melancolías. Proponer que la moderna anorexia, o las modernas anoréxicas son un eslabón en una larga historia de mujeres -casi siempre muy jóvenes- en las que se destaca el no-comer como un modo de expresar su subjetividad -y la de su tiempo, parece una idea anacrónica para los modernos criterios de salud por los que se rigen los tiempos actuales.. Y sin embargo... |
|
| Los sentidos consagrados | |
Las razones con las que se pretende resumir -y alimentar- el extraño fenómeno de las miles de jóvenes que insisten en vivir comiendo nada, o casi nada, lo consideran complejo, pero no extraño. Nos dicen que se debe a la moda, recurriendo a fórmulas simplistas. Dichas fórmulas a veces incluyen el miedo al crecimiento o a enfrentar la realidad maduramente, pero privilegian la obediencia a los cánones estéticos. Otra fórmula en auge nos explica que la privación alimentaria más la predisposición genética, es la razón de que algunas jovencitas que no comen se enfermen gravemente y otras no, además de establecer que hay marcos familiares que favorecen la aparición de la enfermedad, y otros que no. El desconcierto, la impotencia, se traducen en el ejercicio de un saber-poder con el que se busca quebrar de cualquier modo y a cualquier precio la férrea resistencia a comer que caracteriza a las ya famosas anoréxicas -aunque no sean famosas- Frente a esa resistencia enigmática y por lo tanto muy angustiante, los ecos de una amenaza familiar atávica si no comés te vas a morir, ensordecen y enceguecen a los equipos, -casi siempre interdisciplinarios- que se ocupan de los trastornos alimenticios. Los programas terapéuticos coinciden : recuperar el peso perdido se torna un imperativo categórico, un primer paso indispensable en todos los casos, tanto los que lo necesitan como los que no. . El mensaje de muerte es multiplicado al infinito por los medios masivos de comunicación. La muerte anunciada como ley general , como consecuencia obvia del no-comer, impide reconocer el poder mortífero y mortificante de la amenaza atávica, presente en los mandatos terapéuticos. Vemos así como la muerte inexorable que aguarda a las anoréxicas al final del programa oscila, según cálculos que se pretenden científicos, entre probabilidades que van ...¡del 2 al 20 %.! Errar es humano, las conductas terapéuticas que desconocen el enorme peso de la vida psíquica, ése que ninguna balanza puede pesar, lamentablemente también lo son. Los casos particulares, (o sea todos), se convierten en excepciones que no hacen sino confirmar la regla pre-establecida , el riesgo de muerte que las amenaza a todas, -sin excepción-, las adolescentes que no comen Casi nunca se tiene en cuenta la descompensación psíquica y orgánica que casi siempre se produce cuando se las fuerza a comer. No se diferencia la postura de muchas jóvenes que se vuelven transitoriamente anoréxicas por contagio y a las que el miedo-ambiente, junto con los equipos tratantes que les endosan el rótulo de enfermas, terminan por enfermar. Aunque estos tratamientos funcionen y estén socialmente avalados, en el mejor de los casos conducen a la robotización y en el peor a intentos de suicidio. El enigma de las jóvenes que eligen la solución anoréxica a sus propios enigmas, es el que a la larga gana la batalla en esta lucha feroz contra la anorexia. Mientras tanto los tratamientos sostenidos en liderazgos autoritarios, basados en recompensas y castigos, que han sido descartados en otros lados del mundo, siguen gozando de buena salud en la Argentina de hoy. Las anoréxicas y/o bulímicas recuperadas sonríen desde las pantallas de T.V, como robots o miembros de una secta aterradoramente agradecidos a sus salvadores. Cabe a una investigación sociológica indagar el motivo del consenso social para este tipo de tratamientos y a una auditoría médica seria y responsable investigar sus consecuencias. |
|
| El verdadero mal de fin de siglo |
|
La palabra anorexia es de origen griego y quiere decir : sin hambre, sin deseo. Sin embargo la extinción de la sexualidad en los estados extremos de privación alimentaria es considerado un mal menor (en el caso de que se lo tenga en cuenta), que no vale la pena investigar. Sólo el lenguaje corriente recuerda la íntima relación entre el hambre y el sexo, ignorados olímpicamente por las ciencias médicas. Te comería toda , qué bombón, qué lomo bárbaro, budín, churro, muestran como el deseo sexual se expresa a través de metáforas, o alusiones poco veladas al cuerpo-alimento. También la agresividad suele expresarse a través de metáforas alimenticias: me lo comería crudo, no puedo tragarlo, lo voy a cagar. ¿El espíritu de nuestros antepasados caníbales habita nuestro lenguaje cotidiano mostrando lo ancestral primitivo en el seno de la civilización? El psicoanálisis descubrió sin embargo hace ya más de un siglo que se trata de los restos de la primitiva relación con la madre nutricia hacia la que el hambre y el deseo, el amor y el odio, estuvieron originariamente orientados. Las metáforas alimentarias no sólo aluden ,-a veces como modo de eludirlo-, al cuerpo de nuestros semejantes : Los libros también pueden tragarse, así como hay situaciones o hechos indigeribles. Se come con los ojos, se devora con la mirada, lo que demuestra que la función de la boca biológica queda atrapada en sustituciones y desplazamientos múltiples, de lo erótico a lo agresivo, de lo oral a lo visual. Los humanos vivimos incorporando y expulsando palabras. El hambre y el deseo sexual son prisioneros del lenguaje. . El verdadero mal de fin de siglo, tal vez uno de los peores males, consiste en la pasión de taponar cualquier agujero mediante respuestas apresuradas que llevan a diagnósticos equivocados, soluciones indiscriminadas, generalizaciones desmedidas.. Reconocer este déficit simbólico como parte de la sociedad globalizada y de sus discursos sabelotodo es una exigencia ética imprescindible para abordar los problemas que la aquejan. En el caso de la anorexia y la bulimia, la estrechez , la ignorancia, la alarma desmesurada, los prejuicios, están a la orden del día en los tratamientos en boga.. El rechazo a saber, a enterarnos del peso de las múltiples significaciones inconscientes e históricas, el cerrar la boca y los oídos a los sentidos nuevos que surgen de las palabras, o su contraparte, la incorporación indiscriminada, globalizada, de fórmulas indigestas que impiden pensar críticamente, sensatamente, sobre nuestros males, muestran que uno de los grandes malestares de nuestra cultura tiene un nombre: anorexia y bulimia mental.. No sólo las adolescentes son sus víctimas. Nación 1998 |
|