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| Sacerdotes y psiquiatras: La historia vuelve a repetirse |
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Ultimo momento: En un nuevo documento titulado Sobre todo tipo de exorcismos y suplicas, aun no traducido del latín, la Iglesia recomienda a los exorcistas que recurran a los psicólogos o a los psiquiatras para poder diferenciar la histeria de la posesión diabólica. Sin embargo, esto no es nada nuevo. Ya en el siglo pasado cuando la Iglesia cedió parte de su poder a la medicina, las consultas con los psiquiatras estaban a la orden del día... Hacía apenas cien años había finalizado la caza de brujas que provocó la muerte en la hoguera de millones de mujeres acusadas de brujas (el último caso se registra a fines del siglo XVIII) . En las posesiones colectivas del siglo XIX, - la mas célebre ocurrió en la aldea francesa de Morzine- la Iglesia ya había llamado en su auxilio a los psiquiatras. La necesidad de distinguir entre la verdad y el fraude - origen de la moderna interconsulta con la psiquiatría- tiene antecedentes mucho tiempo atrás, a fines de la Edad Media, cuando cambiaron los cánones teológicos que habían regido durante el Medioevo y se aceptó como una realidad la intervención del Demonio en asuntos terrenales o sea su poder de apoderarse de cuerpos y almas . Antes, durante la baja Edad Media, el Canon Episcopal, establecía que el Diablo existía pero no tenia poder para entrar en contacto con los humanos. En ese entonces las brujas - siempre las hubo- eran consideradas perversas o desamparadas mujeres que creían estar poseídas por el demonio, pero se pensaba que eran ilusiones o trastornos mentales que afectaban a jovencitas ignorantes o a viejas melancólicas . Es recién en el siglo XII, gracias entre otros a la gestión de Santo Tomas de Aquino, que las brujas y los brujos comienzan a tener existencia tangible y en consecuencia deben ser exterminados. Se vuelve entonces imperioso distinguir los estados místicos de los casos de posesión diabólica para detectar a los agentes terrenales del demonio, los brujos, pero por sobre todo las brujas.. Algunos médicos denunciaron esto como un cruel retroceso de la Iglesia y le recordaron que se trataba de alteraciones mentales, de alucinaciones. Es el caso del Dr. Juan Wier o de Reinaldo Scoto , quienes también fueron perseguidos por la Inquisición, acusados de no creer en brujas y de cuestionar por lo tanto los nuevos cánones eclesiásticos. . Acorde al aire de los tiempos en que la histeria es creada como cuadro y divulgada por la psiquiatría del siglo XIX, la Iglesia recurre a ella para evitar la confusión entre la verdad y el fraude, entre locura humana y posesión. Su principal e imperiosa preocupación es diferenciar la pseudo-mística, producto de estados nerviosos patológicos, de la falsa mística, objeto de una intervención diabólica, de la mística autentica, que es la única capaz de operar milagros verdaderos.. Esta clasificación data del siglo XIX y establece que en el primer caso siempre deberá recurrirse al medico. En los otros casos la Iglesia se valía de sus propios métodos. La confrontación de sus propias opiniones y métodos con los de la psiquiatría le permitieron a la Iglesia certificar retroactivamente la santidad de Teresa de Avila, mientras los psiquiatras, que también sacaban sus propias conclusiones sobre santas y brujas de otros siglos, no dudaron en diagnosticarla como patrona de las histéricas. |
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| Médicos y sacerdotes |
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Durante siete siglos, en los que fue aumentando el poder de la Inquisición, la Iglesia se encontró una y otra vez frente a un mismo dilema. Tanto las autenticas místicas poseídas por Dios- como las falsas poseídas por el Diablo, acreditaban poderes sobrenaturales, entre los que se destacaba en primer lugar la facultad de poder vivir sin alimentarse. En el siglo pasado la primera razón para consultar a los psiquiatras era esa: multitud de jóvenes mujeres dejaban de comer y por ese motivo se adjudicaban y les eran adjudicados- poderes sobrenaturales. Ya no se creía en la brujería, la práctica generalizada de exorcismos preocupaba a la Iglesia y muy pocos sacerdotes estaban autorizados a llevarlos a cabo. Aunque las sádicas torturas autorizadas por los tribunales eclesiásticos habían quedado atrás, los métodos inquisitoriales reviven en los interrogatorios y tratamientos inventados por la psiquiatría, para detectar y alertar contra los peligros que representaban las modernas histéricas del siglo XIX, entre cuyos síntomas se destacaban graves trastornos alimenticios. Agujas y pinchazos, miradas clavadas sobre las pacientes sospechosas de histeria y todo tipo de presiones para hacerles confesar que lo de ellas era puro teatro, encierros y castigos , son algunos de los apenas disfrazados métodos inquisitoriales revividos por la psiquiatría del siglo pasado. ¿Qué ocurre hoy? Una vez más la Iglesia parece haber olvidado su propia historia, tanto la de la temprana Edad media, en la que la creencia en brujos y brujas era adjudicada a mentes enfermas, como la ignominiosa de la Inquisición, o el recurso a la psiquiatría ya a fines del siglo pasado. Lo raro es que también los psiquiatras y psicólogos actuales ignoran que la anorexia tiene una historia de muchos siglos . Influidos por la modernidad que cree que todo ocurre en este fin de milenio la atribuyen a la moda de la delgadez, y persiguen a las pacientes amenazándolas con slogans de muerte para curarlas, o delegan sus responsabilidades en especialistas que sólo ven en ellas almas rebeldes y caprichosas a las que es necesario dominar y cuerpos desnutridos a los que es necesario alimentar. Si el nuevo manual de exorcismos llega a ser traducido del latín sabremos si la inanición extrema también continúa, como lo fue durante siglos- siendo un signo de posesión (ora divina ora diabólica) para la Iglesia. Mientras tanto muchos médicos y psicólogos combaten la religión ligth, sin darse cuenta que a su manera siguen, en los albores del nuevo milenio, persiguiendo a las jovencitas anoréxicas como si se tratara de autenticas poseídas. Silvia Fendrik. Diario Perfil. junio 1998 |
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