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Las poseídas de Morzine ( Una epidemia de posesión demoníaca en el siglo XIX) En el siglo del progreso, cuando las "posesiones" se creían ya desaparecidas de la faz de la tierra, las "poseídas" de Morzine interpretarán un libreto que evoca el mismo teatro diabólico que había presenciado Europa en siglos anteriores, cuando alrededor de las poseídas se apretaban filas de exorcistas, de inquisidores, y de todo tipo de gente absolutamente convencida de la existencia del demonio. En esos "antiguos tiempos de apenas uno o dos siglos antes, los médicos no se involucraban o si lo hacían de ningún modo se autorizaban a afirmar que podía tratarse de enfermedades y no de estados de posesión diabólica. En Morzine, en cambio, la Iglesia rechazará públicamente el recurso al exorcismo y exigirá la intervención de los médicos. .Estos dictaminaron que se trataba de típicos casos de demonomanía. Dicha enfermedad consistía en secreciones de fluido nervioso, que provocaban convulsiones y pensamientos insensatos, atribuidos a su vez a los efectos nefastos de una religión mal interpretada por las ignorantes o muy sugestionables mentes de las mujeres campesinas. Algunos médicos propusieron un nombre más complicado: histerodemonopatía epidémica. El objetivo es doble : por un lado nombrar a la enfermedad para poder clasificarla dentro de las categorías diagnósticas (nosografía ) recientemente establecidas. Por otro, enseñar a las jovencitas a reconocerse a sí mismas y a ser reconocidas por los médicos y las familias y los vecinos, bajo ese nuevo nombre.. Todo es nuevo: un nuevo saber y una nueva identidad que pretende sustituir a las creencias tradicionales, al mismo tiempo que instruye, cumple funciones pedagógicas, decide el grado de riesgo, somete a su tutela a aquellos que aún viven en la ignorancia de siglos anteriores. Y como en el caso de las poseídas de Morzine, también recurre, cuando lo necesita, a las autoridades militares. En el siglo XIX el discurso religioso ha perdido su influencia frente al discurso médico que es ahora quien tiene la última palabra en materia de fenómenos convulsivos, o de cualquier otro padecimiento del cuerpo. Pero los fenómenos colectivos de posesión no han desaparecido del todo, como tampoco han desaparecido las maneras de pensar que los atribuyen a la aparición del demonio. En Morzine - de allí su interés actual- confluyen las tensiones latentes entre el poder médico, la Iglesia, la mentalidad popular y el poder político. Cada una de esas instancias tendrá un efecto directo en lo ocurrido. Todo indica que es la primera vez en la historia que el saber médico va a intentar -y finalmente lograr- imponerse sobre las creencias religiosas y populares interviniendo directamente en la vida cotidiana. Será un combate largo y difícil. Y probablemente lo sucedido no habría pasado a los archivos de la historia si las autoridades eclesiásticas y civiles no hubieran recurrido a los médicos, luego de que el cura local se negara rotundamente a continuar ejerciendo en Morzine la vieja practica del exorcismo. ¿Qué fue lo que ocurrió? Algunas jovencitas de un colegio de monjas -y más tarde muchas mujeres y también algunos hombres de la aldea-, comenzaron a sufrir ataques en los que blasfemaban , insultaban , se arrastraban por el piso, pretendiendo estar siendo poseídas por el diablo. Habían dejado de comer , y vomitaban cuando se las obligaba a hacerlo. Con un lenguaje obsceno las niñas también vomitaban insultos a Dios y reclamaban la atención del cura, exigiendo a gritos ser exorcisadas Pero éste se negó y pidió auxilio a los médicos. La reacción del pueblo a esta negativa fue violenta y los casos, ya de por sí numerosos, se multiplicaron inmediatamente. El cura fue atacado por las poseídas y por numerosos fieles . Los hospitales -también las cárceles en los casos más "rebeldes"- se llenaron de enfermas . Nadie sabía muy bien qué hacer con ellas. La epidemia tomó tales proporciones -casi la mitad de la población femenina fue afectada - y tardó tanto tiempo en ser dominada -alrededor de veinte años- que puso en jaque a todos los que intervinieron, tanto médicos como autoridades civiles y militares. Sus tácticas cambiaban todo el tiempo, de punitivas a curativas, de pedagógicas a coercitivas. El mal a veces parecía ceder, pero sus rebrotes fueron una constante, durante esos largos veinte años. Sin embargo terminó por desaparecer. Los médicos triunfaron. Las demonópatas se sometieron a los criterios de la ciencia y se adaptaron a ser simples histéricas. Las pocas que continuaron resistiéndose fueron rebautizadas como "erotómanas" y su destino fue el hospital psiquiátrico. En una palabra, la enfermedad perdió finalmente su carácter de epidemia y el asunto cayó en el olvido. Sin embargo los periódicos de la época, suizos, franceses, e ingleses, que hoy pueden consultarse, ofrecen testimonios abundantes de la gran resonancia que tuvieron esos acontecimientos. . Diez años más tarde, Charcot, nombrado titular de la cátedra de Clínica de las Enfermedades Nerviosas en la Salpetrière en 1882, comenzará a trasmitir en forma de espectáculo sus investigaciones y sus conclusiones sobre la histeria. Un discípulo de Charcot, Bouchet, hará su tesis de psiquiatría en 1899, y se referirá a los sucesos de Morzine, clasificándolos dentro de un cuadro nosológico que a esa altura ya había sido reconocido y bien definido con lujo de detalles por Charcot como "gran histeria". . A su vez los sucesos de Morzine serán mencionados por el diccionario enciclopédico Gran Larousse, como ejemplo del último caso conocido y definitivamente superado, de "demonopatía". Por nuestra parte los hemos incluido como ejemplo paradigmático de la enorme tensión que se produce entre los distintos discursos, cuando de jovencitas que no comen se trata. Aunque el tema del rechazo a alimentarse de las poseídas de Morzine parezca secundario o quede desdibujado -u olvidado en medio del escándalo de las blasfemias a Dios y otro tipo de obscenidades- recordemos que era el signo inconfundible, el primer signo, de la aparición del extraño mal ¿Cuál era el rasgo más característico de la posición médica en esos tiempos? Al igual que en nuestro días, los doctores de aquel entonces estaban persuadidos de representar los logros de la civilización frente a un estadio cultural "inferior", es decir el saber y la razón por sobre los prejuicios y la ignorancia. Su objetivo es obvio: demostrar que todo tiene una explicación racional: en el clima, el tipo de alimentación, las condiciones geográficas, las creencias supersticiosas, los virus o las bacterias, se encuentran la o las causas que favorecen o determinan la aparición de la enfermedad. En Morzine fueron muchos los médicos que intentaron probar hasta qué punto las ideas de posesión son consecuencia del fanatismo y de la ignorancia. Pero como el discurso médico nunca es del todo homogéneo, también había diferentes posturas, según lo que los doctores quisieran probar. Algunos emprenderán una batalla encarnizada contra la religión y las supersticiones.. Otros pondrán el énfasis en demostrar la tesis de la histeria constitucional, tomando en cuenta , por ejemplo, el alto porcentaje de casamientos consanguíneos en el poblado de Morzine. También están los que adoptaron una visión más "sociológica", señalando que debido a la fuerte migración masculina que había padecido la aldea, las mujeres debían arreglárselas solas para realizar las tareas pesadas, y que la falta de hombres tornaba particularmente opresiva la situación de las jovencitas que ya no tenían la misma perspectiva que sus madres y abuelas de casarse ni de heredar un patrimonio. Pero que, a diferencia de los hombres, permanecían en el lugar que la tradición había previsto para ellas, y no emigraban intentando probar fortuna en otra parte. Esta postura médica se reflejó en programas de educación y esparcimiento, en la instalación de bibliotecas públicas, que también formaron parte de las estrategias médicas instrumentadas en Morzine, cuando las medidas autoritarias se revelaron insuficientes o ineficaces. Anticipándose en más de un siglo a algunos programas de reeducación o adaptación que tanta vigencia tienen en la actualidad, los médicos más comprensivos, más tolerantes, tal vez intuyeron algunos de los conceptos modernos sobre el conflicto entre la tradición y el cambio. Tal vez también intuyeron que los síntomas de las jovencitas eran emergentes de la fragilidad de un equilibrio social amenazado por la migración de los hombres de la aldea. Lo que no pudieron responder, lo que aún hoy no puede responderse, es porqué cuando de fallas o de contradicciones, o de falta de elementos simbólicos para dar cuenta de las fallas o contradicciones se trata, son las mujeres, y sobre todo las más jóvenes, las que lo expresan a través de sus síntomas, entre los cuales el rechazo a alimentarse ocupa casi siempre el primer lugar. ¿Por qué el diablo que todos quieren expulsar de la aldea, el diablo de las nuevas ideas que afectan las tradiciones, se apodera del cuerpo de las hijas? Al menos que se trate del mismo viejo diablo que habitaba en los cuerpos de las bisabuelas o tatarabuelas, torturadas o quemadas en las hogueras de la Inquisición. En todo caso nos encontramos frente a una paradoja: a través del diablo que las posee, las mujeres de Morzine terminarán por ingresar en la tan temida modernidad. Paradoja que aún hoy nos habita y que este libro intenta responder, en ese punto enigmático donde los cuerpos de las tan modernas jovencitas anoréxicas parecen habitados por un demonio al que no terminan de exorcisar. . |
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