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Una introducción le anuncia al lector de qué va a hablar el autor. Al autor en cambio le permite hacer una síntesis de su trabajo diciendo de qué habló. Una introducción establece así una neta separación temporal entre el autor y el lector. El autor sabe a dónde llegó, o hasta dónde, y tiene una cierta idea de qué obstáculos externos e internos le impidieron seguir avanzando. Se encontró muchas veces con una Tierra Prometida en la que no logró penetrar o con un desierto en el que sabe que hay un templo en ruinas que le hubiera gustado conocer, pero que quedará para el próximo viaje. Todo esto son sus "conclusiones", que volcará en la introducción. Pero precisamente, como no quiero anticipar mis conclusiones, imaginé este otro modo de convocar al lector a acompañarme sin saber de antemano adonde va a llegar. El viaje al país de Anorexia muestra que el camino que conduce al estado de cosas actual no es lineal, está lleno de desvíos. Como en cualquier viaje para el que se dispone de cierto tiempo, o para el que uno se da cierto tiempo, uno se detiene en un lugar , atraído por un paisaje, por un clima, por reliquias. Esto me ha sucedido. Me dejé llevar, espero que al lector le suceda lo mismo. Sólo me queda decirle alguna de las razones que me impulsaron a realizar este viaje a ese extraño país donde sus habitantes sostienen que no hace falta comer para vivir. Se los conoce como anoréxicos. Y el país del Nuncacomer se llama "Anorexia". No tiene fronteras, y cualquiera que no coma puede adquirir una nueva carta de ciudadanía para desplazarse en el mundo de los que comen libremente. Los habitantes de "Anorexia" no son de otro planeta. Los vemos por todos lados. Hay carteles que los anuncian en todas partes: Televisión, shoppings, revistas de moda, clínicas especializadas . ¿Quiénes son, de dónde vienen, cuál es su historia?. ¿Son un producto o un sub-producto extraño, - o "natural" como algunos pretenden - un epifenómeno de la posmodernidad?. ¿O sus cuerpos son blasones, jeroglíficos, textos de una historia inmemorial trasmitida en silencio? Necesitaba averiguarlo. Entonces me fui de viaje. Como equipaje llevé conmigo el recuerdo de un pequeño gran libro, "Las indomables, -Figuras de la anorexia - cuya autora, Ginette Raimbault, relata la historia de Simone Weil, de Sisí, de Antígona, y de Catalina de Siena. También llevé conmigo a Freud y a Lacan, compañeros inseparables de aventuras. En el transcurso de mi viaje conocí algunos amigos nuevos, que me contaron historias de brujas y de santas que no conocía: Rudolph Bell, Carolyne Bynum, Mervin Harris, Frank Donovan. Y me hice de nuevos enemigos, como los Inquisidores, a los que sólo conocía de oídas. Mis hijas adolescentes, sus amigas, los relatos de algunas pacientes - habitantes o firmes candidatas a serlo - del país del no comer - parecían decir que la comida y sus cuerpos eran para ellas un baluarte, pero también un enigma. .. Usando el hambre como pasaporte, mirándose al espejo, leyendo ávidamente revistas de moda, estudiando dietas. Un buen día me di cuenta de que en esa trama intrincada y angustiante seguramente había símbolos cifrados a los que yo sólo podía responder "nada" Tal vez como un eco al "deseo de nada" que la enseñanza de Lacan me había enseñado a reconocer en la anorexia. Pero fundamentalmente por ignorancia. Entonces me pregunté: ¿Qué es toda esta historia? Y me encontré con que no había Historia, sólo historias y más historias. Sólo un circuito infernal de imágenes, modelos, vómitos, kilos de más o de menos, abundante "bibliografía", en fin, todo lo que hace a la moda -¿ París/New York/Buenos Aires o Biafra/Auschwitz?- Entonces, sin moverme de mi casa, decidí emprender un viaje al mundo de los muertos ,y descubrí muchas cosas, entre otras cuántos cadáveres han quedado sin enterrar. Las huellas, las marcas de aquello que ha sufrido olvidos, borramientos y represiones sucesivas, sin embargo persisten en el lenguaje cotidiano, aunque su significación originaria se haya perdido. Las creencias, mitos, significaciones que confluyen en un momento dado de la historia para crear estereotipos , sobreviven en forma de restos, palabras sueltas, imágenes fragmentadas. Pero siempre dejan rastros y muchas veces -sin que lo sepamos - están presentes en nuestras actitudes o en nuestros discursos. . El propósito de viajar hacia el pasado al mundo de los muertos es un modo de iluminar el presente, aquello que sobrevive en las sombras que envuelven a las palabras o a las imágenes que utilizamos a diario. En este tipo de viaje se descubre a cada instante que el pasado -¿Qué fue lo que realmente pasó?- se torna tan incierto, tan desconocido, tan poco predecible como el futuro. Por eso la actualidad -orientada hacia el futuro - utiliza vías diversas para "desconocer" lo antiguo. Una de ellas es una memoria anecdótica y sin recuerdos, "culta", "informada", pero que al mismo tiempo nos advierte contra la esterilidad o la pérdida de tiempo de todo intento de investigar lo que pasó ayer en virtud de la urgencia de lo que está pasando hoy . Otra manera es reconocer como una mera coincidencia, cualquier similitud con un remoto - o cercano - pasado. A pesar de todas estas advertencias decidí hacer el viaje. Quería investigar "personalmente" semejanzas o diferencias, en lugar de sumarme a las voces que sin haber viajado nunca o habiendo realizado un turismo de paso sostienen la radical diferencia de la nueva, inédita y moderna anorexia con sus símiles del pasado. Visité distintas épocas: ayunos místicos, caza de brujas, mitos literarios. Comprobé "personalmente" que el siglo XIX es una clave fundamental para comprender el presente. Allí confluyen y alcanzan su grado máximo de tensión los distintos discursos, el médico, el místico, el literario, el psicológico, que se superponen en la posmodernidad. Se trata del momento clave en el que la medicina intenta por primera vez en la historia un saber riguroso sobre lo que ocurre en el interior y en el exterior del cuerpo femenino. De mi largo viaje traje de vuelta algunos recuerdos y símbolos que ahora ofrezco a los lectores que se sientan convocados a leer esta crónica.. No más que eso, pero tampoco menos. |
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